Un estudio realizado por Rubikon-Intel en seis provincias argentinas detectó un fenómeno inédito en la política reciente: el aumento sostenido de la abstención electoral, incluso entre ciudadanos que siguen interesados en la política.
La investigación, dirigida por el sociólogo y antropólogo Pablo Semán junto a Josefina Salvatierra, se basó en 1.956 casos en Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Chaco, Salta, San Luis y Jujuy. Estas jurisdicciones registraron entre un 4% y un 14% menos de participación en sus elecciones locales respecto de 2021, caída que podría repetirse en los próximos comicios bonaerenses (7 de septiembre) y nacionales (26 de octubre).
Según el relevamiento, el 75% de los argentinos cree que votar es un deber ciudadano y el 80,5% considera que sigue siendo importante, pero esa convicción no siempre se traduce en concurrencia a las urnas. Entre quienes no votaron, el 59% declara estar interesado en la política: un 37,2% ve su abstención como un acto político y un 41,3% afirma que fue para “no legitimar a nadie”.
Las críticas más recurrentes son que “los candidatos se olvidan de la gente después de ganar” (65,1%) y que “solo buscan cargos” (50%). Los motivos se organizan en tres ejes:
Abstención doctrinaria, frecuente en varones de mediana edad y profesionales.
Desilusión de ex votantes de Milei que optan por desconectarse.
Falta de alternativas opositoras fuertes y representativas.
El informe también describe un clima emocional negativo, dominado por bronca, decepción, cansancio y tristeza, especialmente en jóvenes (16-30) y mayores de 61 años. La esperanza aparece más en el grupo de 31 a 60 años, mientras que la indiferencia es baja y estable entre todos los rangos etarios.
Semán advierte que, de continuar la tendencia, la abstención podría convertirse en un hábito político permanente, debilitando la legitimidad del sistema. “En 2023, el terror a Milei llevó a algunos indecisos a votar a Massa; en otros, el rechazo al peronismo los llevó a Milei. Hoy, ninguno de esos sentimientos alcanza para movilizar a votar”, explicó.
El estudio concluye que el desafío de los partidos será reconstruir el vínculo con una ciudadanía que, aunque se declare democrática e informada, empieza a ejercer su derecho a no votar como forma de protesta.